Como si la maternidad fuera una obligación en vez de un deseo, a las mujeres que deciden no ser madres les cuesta ser comprendidas y muchas veces sus pares no las toman en serio.

Cada vez más personas se atreven a romper con “mandatos culturales” legendarios y acuerdan con sus parejas una modalidad de vida en común, sin hijos, pero igualmente plenas. En EE.UU. este segmento de mujeres ya tiene una denominación: childfree y entre las famosas que confiesan esta decisión se encuentran:

-Cameron Díaz: “Tengo una vida increíble en muchos sentidos precisamente porque no tengo hijos. Es simplemente una opción”.
-Helen Mirren: “No tengo instinto maternal alguno. Ninguna mujer debería tener que explicar por qué no tiene hijos”.
-Kim Cattrall, una de las protagonistas de Sex and the City: “No quiero ser madre. Ni en un futuro cercano ni a largo plazo”.

Entre las causas de esta tendencia podemos destacar la decisión de las mujeres de posponer la maternidad por un trabajo mejor remunerado, por el desarrollo profesional o una educación más satisfactoria. Hoy en día cada vez hay más paridad en las empresas y las mujeres ocupan cargos directivos con muchas responsabilidades, que hace más difícil formar una familia o simplemente es su elección de vida, aquello que satisface sus necesidades individuales. Por otro lado, la  incertidumbre  emocional debido a la inestabilidad de las parejas modernas lleva al auge de las parejas monoparentales, donde es más difícil el deseo de formar una familia con hijos debido a la desconfianza sobre si funcionará o no esa unión.
Este fenómeno se da tanto en Europa, Estados Unidos como en  América Latina, donde estudios revelan que el aumento tanto de mujeres como de hombres que deciden no ser padres trae como consecuencia países con una población de viejos, con una disminución de la fuerza laboral.

¿Por qué una mujer debería elegir ser madre?    

“Desde el punto de vista de nuestra filosofía, que es la existencialista, la respuesta sería porque así lo eligiera. Porque sintiera el deseo de ser madre. Lo cual implica también cierta proyección de sus valores hacia la vida del hijo por venir. La libertad de elegir y elegirse es una convicción de la psicología humanística y desde ese punto de vista, un derecho. Cierto es que cada elección debe considerarse como absolutamente particular y única. La misma estará basada en un complejo entramado subjetivo, que condicionará de algún modo la elección.  El Counseling acompaña el proceso de toma de decisión de las personas y respeta profundamente tanto los constructos, mandatos, creencias y valoraciones afectivas, como las elecciones mismas de cada mujer y hombre”, explica Alejandro Corbalán, presidente de la Asociación Argentina de Counselors.

En el caso de las parejas sin hijos, detalla Corbalán que se trata de parejas que “tienen una percepción de la vida diferente y un funcionamiento distinto también. Pero no se puede generalizar sin ver cada caso, cuáles son los motivos por los que no tienen hijos. El proyecto de vida se construye desde y hasta la visión de pareja, y el funcionamiento será el de ese sistema”.

Desde la aparición de la píldora y otros métodos anticonceptivos en la década del 60 (El 9 de mayo de 2010 se celebró el 50º aniversario de la aparición de la píldora anticonceptiva) la posibilidad de controlar la natalidad le dio al ser humano y a la mujer en particular, el poder de controlar su propio aparato reproductor con un alto grado de eficacia aunque con un costo para su organismo todavía difícil de precisar. La vida sexual cambió desde entonces y la posibilidad de satisfacción sexual sin riesgo de embarazo dio lugar a la posibilidad de elegir el “sexo libre” (típico de la propuesta hippie) o al menos cierta discreción en las relaciones sexuales. Se revalorizó el placer sexual y cambiaron las costumbres relacionadas con la sexualidad. El peligro de embarazo dejó de ser un problema y evaluar entonces la maternidad comenzó a ser una elección que en muchos casos se evalúa en base al deseo, la oportunidad y conveniencia de la mujer y eventualmente su pareja.

Explica Corbalán que, “así como existen razones para tener hijos, existen factores que justifican no tenerlos. Algunos de los argumentos que a menudo escuchamos en el consultorio son la falta de deseo de tener hijos o “instinto maternal” o “paternal”, a menudo relacionada con la ausencia de una razón de peso para tenerlos; desagrado o disgusto que a algunas personas les producen los niños, su presencia y comportamiento. Los cambios que la presencia de niños produce en la vida cotidiana, la pérdida de la intimidad en las relaciones de pareja, familiares y de amistad. Falta de voluntad, o presunta incapacidad, para cumplir con las obligaciones que conlleva ser madre y/o padre. Sentir que no se es capaz de asumir la gran responsabilidad que supone tener, educar y criar a un hijo.

También pueden existir la escasez de recursos económicos para solventar los gastos de la crianza, cuidado y educación de los niños representa un obstáculo que algunos consideran infranqueable; el deseo de priorizar el estudio, la carrera o de no reducir las posibilidades de promoción profesional; el miedo a la perder el trabajo debido a la maternidad así como la dificultad de conseguir licencia por maternidad y paternidad en el trabajo. Por último, el feminismo plantea una visión de la maternidad y el papel de los padres como una construcción social de origen patriarcal y machista, que subyuga la identidad personal y su desarrollo al restringir las opciones de estilo de vida con mandatos e introyectos sociales y culturales”.

En cualquier caso, el counseling ofrece siempre un espacio abierto y seguro, libre de juicio y centrado en la experiencia fenoménica los consultantes. A través de una sucesión de entrevistas promoverá la toma de conciencia tanto de sentimientos y construcciones imaginarias como de  creencias y constructos relacionados con el tema que intenten abordar. Promoverá la reflexión y una responsable toma de decisiones en el sentido que la persona considere como propio.