Un mundo que nos propone una igualdad engañosa, y nos pretende dependientes como bebés, no ya de mamá sino del consumo.

Personas dependientes de internet, esclavizadas por el trabajo o el sexo, que no pueden compartir una reunión sin encender un cigarrillo tras otro o tomar whisky descontroladamente, adictos al juego , a los psicofármacos. La lista podría continuarse. Según los expertos, las adicciones se alimentan de una sociedad que venera el consumo y la inmediatez, mientras debilita los vínculos y promueve elevar los estados emocionales incomodos, favoreciendo de ese modo la aparición de las mas diversas adicciones.

Como asegura Carl Rogers, el hombre nace con una tendencia natural hacia el desarrollo de sus potencialidad y no esta en su esencia la interrupción de tal fuerza vital. Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, pueden aparecer conductas, que la misma cultura contemporánea propicia, alejándolo de esa posibilidad y desequilibrándolo.

Zigmund Bauman, uno de los filósofos de la post modernidad, asegura que la sociedad actual, lo que el llama la “modernidad liquida”, presenta aspectos sumamente tóxicos, que predisponen al desarrollo de las adicciones. Entre tales características nocivas podrían mencionarse:

  • La cultura de la imagen, una idolatría por la fachada.
  • La cultura del consumismo, estimulada por la publicidad y el marketing, que cada día genera nuevas necesidades y vuelve al hombre esclavo de sus propios deseos.
  • La cultura de las soluciones rápidas, donde todo es posible y cabe el placer de gratificaciones urgentes y efímeras en desmedro de la autentica felicidad.

Radiografía de una sociedad adictógena

Por su parte, la investigadora Susana Nóbile aporta su visión fundamentada en sus experiencias como socióloga. Habla de una sociedad en la que “ la felicidad ya no es un camino, una aspiración, sino un derecho y un deber”. El conflicto entre lo permitido y lo prohibido dejo ahora paso a una nuevo entre lo posible y lo imposible. Todo se compra y todo se vende, como si no existieran mas necesidades qe las que se muestran en la publicidad que, por si eso fuera poco, borra las diferencias entre infancia, adolescencia y adultez, para etiquetarnos en tal o cual franja de consumidores”:

Masificados, desdibujadas incluso las diferencias entre sexos, nos mimetizamos en un único proyecto, el de consumir too lo que nos ofrezcan la posibilidad de alejar el sufrimiento que implica crecer, envejecer, morir. Engañamos a nuestro apetito existencial con la artificialidad del fast food, en lugar de cuidad nuestra salud con verdaderos nutrientes.

“La contemporánea es una sociedad bulímica, traga pero no asimila, se trate de comida o de conocimiento. Busca la satisfacción inmediata aunque lo consumido deba rápidamente desecharse. Ta decía Erich Fromm que el hombre se ha convertido en lactante eternamente expectante y eternamente frustrado y el mundo no es mas que una gran mamadera para sacias su apetito. Todo esto, sin duda, potencia la vulnerabilidad de las personalidades adictivas, incapaces de tolerar la frustración. Ellas paradójicamente, intentan evitar el dolor de un mundo sin otra propuesta que el consumo, a través de la compra de supuestos paraísos artificiales. Concluye Nóbile.

Fuente: Tomado de Revista Nueva Opción, Año 1, Nro 1 Pag 10

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